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"Cinema Paradiso"

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domingo, 17 de marzo de 2019

"The Racket / El Soborno" de John Cromwell (1951) - Por Marilyn Rodríguez



LA CORRUPCIÓN EN EL CINE 
EL SOBORNO (The Racket) John Cromwell, 1951



-“Pretenden crear un enorme monopolio que controle todos los negocios ilegales; el juego, la corrupción, la droga…eso le daría mucho dinero; una gran parte de ese dinero se destinaría a sobornos. Ya tienen al ayudante del Fiscal en su nómina, Mortimer Wils, quieren que sea Juez y, una vez esté en el estrado”….
-“Lo que está usted diciendo es muy grave, tiene que demostrarlo”
-“Necesitamos pruebas, pero lo que realmente necesitamos es presentar esas pruebas justo antes de las elecciones”.



La corrupción se ha instalado en el país así como en todas las instituciones, incluso en la propia policía. El Sindicato del Crimen controla la ciudad. Nadie sabe quién es su jefe, nadie lo ha visto, pero todo el mundo le llama "el Anciano". El capitán Thomas McQuigg,(Robert Mitchum) un honrado agente de policía y, uno de los pocos en que la corrupción no ha hecho mella, ha sido trasladado por sus superiores a una comisaría de distrito para mantener el orden y limpiar la ciudad de asesinos y maleantes Pese a tan ardua empresa, él no se rinde , no poder confiar en nadie más que en sí mismo y con la ayuda de Bob Johnson, un policía tan íntegro y valiente como el propio capitán Mc Quigg, emprenden una implacable cruzada contra el gánster, Nick Scanlon, (Robert Ryan) quien controla todos los mecanismos de la Ciudad. El objetivo es arrestar a Scanlon y para darle caza, arrestan al hermano de éste y a su amante, Irene Hayes,(Lizabeth Scott), una cantante de segunda fila.



La mafia había conseguido la tolerancia y el trato de favor por parte de diversos estamentos gubernamentales, tales como funcionarios, políticos, jueces y policías corruptos. Aquel apoyo fue la causa para que se consolidara en el país, durante casi treinta años, los negocios tradicionales de la mafia, alcanzando, por ello, una auténtica época dorada.


Pero toda esta situación de impunidad cambió cuando en 1950 se creó en los Estados Unidos la Comisión Kefauver, presidida por el senador Estes Kefauver, quien inició una cruzada contra el crimen organizado interestatal. Dicho comité se extendió por cada rincón de cada ciudad, citando a prestar declaración como testigos a los mafiosos de cada territorio, siendo televisadas dichas declaraciones y haciendo partícipes de las mismas al ciudadano norteamericano desde sus casas.


Por encargo de Howard Hughes, con guión de William Haines, W.R. Burnett, después de que Hughes despidiera a Samuel Fuller por disgustarle todo lo que había escrito y, dirigida por John Cromwell, autor de obras como “Cautivo del deseo” (1934), El prisionero de Zenda (1937), y las magistrales “Desde que te fuiste” (1944), “Callejón sin salida” (1947) o “Sin remisión” (1950), “El soborno” en la que también intervinieron como directores Mel Ferrer y Nicholas Ray, es un remake de la realizada en 1928 por Lewis Milestone.


El soborno es una cinta creo que no lo suficientemente conocida, pero muy recomendable del género noir. Una lucha de David contra Goliat, perdida de antemano, con inferioridad de recursos, y en la que la corrupción gana por goleada a la escasa honradez, Un repaso a los métodos mafiosos imperantes y sus tejemanejes con jueces, fiscales, senadores o políticos.



Rodada con abundantes planos cortos y fotografiada en blanco & negro por George E. Diskant con algunas sombras y con una potente música, ya desde los títulos iniciales, de Paul Sawtell, Robert Mitchum interpreta al capitán Thomas McQuigg, aunque su estelar aparición y presentación en la comisaría (una larga escena magníficamente rodada) se hará esperar hasta bien pasados los primeros veinte minutos de la cinta, como adalid en su carrera en solitario para combatir la corrupción imperante. El antagonista es Robert Ryan, actor sólido donde los haya, es el gángster Nick Scanlon, un personaje repleto de fuerza, vigor, maldad, violencia y carente de escrúpulos. Personaje que en manos de otro actor con menos pericia, hubiese resultado excesivo, pero Ryan está perfecto. Ambos despliegan su talento en sendas interpretaciones. 


“El soborno” es un buen producto del género, realizada con buen ritmo y con tan solo ochenta y ocho minutos de metraje, de los que resulta siempre agradable su revisión o una muy buena recomendación para los que la descubran por primera vez. El argumento, no ha envejecido ni ha quedado obsoleto, es perfectamente aplicable a nuestra sociedad actual y a alguna que otra institución. Pero eso ya es otro tema.


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