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"Cinema Paradiso"

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martes, 13 de marzo de 2018

EL HOMBRE DE BRONCE. Michael Curtiz, 1951.


                                                             JIM THORPE ALL AMERICAN

 
                                          (EL HOMBRE DE BRONCE, Michael Curtiz, 1951)

 

 

El biopic de Jim Thorpe cuyo nombre indio significa Camino Luminoso, es relatado por “Pope “Warner (Charles Bickford), su entrenador, quien en un homenaje a nuestro héroe, encarnado por un maravilloso Burt Lancaster, nos remonta a su niñez cuando para no asistir a clases corría 20 kilómetros a campo traviesa para malestar de sus progenitores aunque su padre le advierte que si quiere ser alguien tendrá que prepararse. Es así que dando  un salto alto  en el tiempo  somos transportados a la universidad de Carlisle, institución a dónde van los nativos americanos para educarse y no desperdiciar su vida. Allí Jim además de encontrar el amor descubrirá también sus dotes atléticas en más de una disciplina deportiva y se convertirá en jugador estrella de beísbol y fútbol americano hasta cuando participe en las olimpiadas de Suecia en 1912 coronándose campeón mundial en pentatlón y decatlón, medallas que le serían despojadas  por un tecnicismo pues él durante un verano para ganarse algo de dinero extra para su manutención jugó profesionalmente y según las normas eso era motivo para tal sanción.  
 
 
El auténtico nativo americano Jim Thorpe
 

 

Una vez llegado a la cúspide comienza el drama y a pesar de ser uno de los atletas más completos de la historia del mundo, así como el ascenso llegó a lo más alto más dura fue la caída tanto personal como profesional.  
 
 
 
 
 

 

 
 
 

Sin duda Burt nació para este papel, muchas de las escenas de las hazañas deportivas las interpretó él mismo haciendo gala de sus cualidades atléticas y su carismática sonrisa. La historia obviamente concentra eventos para darle mayor fuerza y, como no, al ser un retrato de un héroe americano, la decrepitud es soslayada pues el filme termina con el citado homenaje al deportista como si su vida se hubiese redimido cuando en verdad el auténtico Thorpe falleció paupérrimo y alcoholizado. El Comité Olímpico Internacional, tres décadas después admitió su error y post mortem le fueron devueltas sus preseas olímpicas a los parientes que le sobrevivieron.
 
 

 

Michael Curtiz, conocido todoterreno en sus realizaciones firmó está película en la que hizo uso de material de archivo sobre todo de las olimpiadas de Suecia en 1912 y la de Los ángeles en 1932. Es de ese tipo de filmes que se hacían hace muchos años, aquellos con una buena historia, bien narrada, con una gran estrella protagonista y que nos dejaba un buen sabor de boca al final aunque, como anteriormente lo escribí, se adulteraban ciertos hechos.
 
 

 

 

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