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"Cinema Paradiso"

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jueves, 3 de noviembre de 2016

CINE LATINOAMERICANO: “LA BOCA DEL LOBO” DE FRANCISCO LOMBARDI (1988) - Por Sebastián Gálvez


En un pequeño poblado de la sierra peruana, durante los oscuros años de la guerra contra el terrorismo (1980-1997), un nuevo teniente llega a la comisaría. Dispuesto a erradicar a la subversión a como dé lugar, sus métodos inhumanos y oscuro pasado terminarán causando estragos entre los lugareños y sus subalternos. No obstante, un oficial decidirá enfrentarlo. Mientras tanto, los invisibles asesinos maoístas son una ausencia mucho más terrible que la presencia del adversario, una amenaza mucho más desquiciante que un enemigo que da la cara…


Si me preguntaran cuál es la primera obra maestra del cine peruano, aquella que merece tal título sin indulgencias ni complejos, no dudaría en contestar _ con una certeza que reservo para las joyas absolutas del séptimo arte _ La Boca del Lobo, del hoy tan venido a menos Francisco Lombardi. Un film magistral, cuyos hallazgos estéticos no sólo nos remiten a la implacable puesta en escena de un John Ford (1), sino también al desesperado humanismo de aquel otro orfebre de la imagen que fue Sam Peckinpah.


Pues sólo a nivel narrativo, La Boca del Lobo ofrece el viaje trepidante de los westerns que inmortalizaron a autores como los ya citados. Sin embargo, esa es su característica más irrelevante; en la tradición del cine bélico de cariz contestatario (2), la cinta de Lombardi nos arrastra a una vorágine de deshumanización cuyo minúsculo contrapeso (la actitud desconcertada y asqueada del soldado Vitín Luna ante la barbarie terrorista y la brutalidad militar) es la única señal de que todavía hay seres que pugnan, casi sin esperanza, por trascender una realidad marcada por el horror y la muerte. Y es que no se trata de él bien contra el mal, sino de dos tipos de mal que lo arrasan todo, desde vidas y pueblos hasta ideales. Al final, como en toda epopeya que se precie, la ascensión se dará, no obstante significar otra paradoja, la más inquietante de todas: una pérdida de la inocencia cuyas cataclísmicas secuelas supondrán el dilema entre un renacimiento pleno o la fosilización de todo sentimiento egregio.


La Boca del Lobo potencia su valía toda vez que fue filmada durante esa época infame, en que la insania comunista desangró al Perú y en donde el abandono de las zonas más vulnerables por parte del gobierno iba de la mano con el desdén que padecieron las Fuerzas Armadas en su lucha contra la subversión. 


Pero no estamos hablando de transgresiones impostadas al reseñar esta joya. La Boca del Lobo es brutal en su denuncia de un país fragmentado; primero por el mesianismo criminal de una horda de psicópatas y luego por el proceder de algunos representantes del orden, quienes lejos de cumplir con el axioma espartano de proteger y servir, se permitieron ser poseídos por las obsesiones de una clase política corrupta. Y sin embargo, será en medio de aquella oscuridad, de toda esa mugre y vileza, donde el grito fulminante, preñado de rabia e indignación, sacudirá la indolencia de aquella comunidad devastada y, claro está, de todo un país.


El clímax, de una tensión que sólo puede ser descrita como apoteósica (un duelo entre los INMENSOS Gustavo Bueno y Toño Vega, duelo moral determinado por el azar, pues esa es la consigna que parece querer enseñorearse de aquella tierra: la incertidumbre total) traerá como resultado un momento de paz y justicia, improbable fruto del salvajismo y cuya perennidad parece ser tan frágil como el maltrecho cuerpo de esa adolescente andina que el noble soldado contempla conmovido, un cuerpo vejado por sus propios compatriotas entre quienes se ha gestado una distancia ungida por la sangre.


(1) En lo concerniente a exponer amplios paisajes naturales donde paradójicamente somos asaltados por un sentimiento de opresión o claustrofobia, que toma lugar al contemplar las manifestaciones de un enemigo invisible, feroz y cada vez mayor.

(2) Senderos de Gloria y Full Metal Jacket, de Stanley Kubrick; Apocalipsis Ahora, de Francis Ford Coppola; La Cruz de Hierro, de Peckinpah; Pelotón, de Oliver Stone.



viernes, 28 de octubre de 2016

CINE LATINOAMERICANO: “BAJO LA PIEL” (PERÚ 1996) DE FRANCISCO LOMBARDI - Por Marco Masama


Director:
Francisco J. Lombardi

Reparto:
José Luis Ruiz
Ana Risueño
Diego Bertie
Gianfranco Brero
Gilberto Torres
Jorge Rodríguez Paz

Año / País:
1996 / Perú Perú

Título original: Bajo la piel

Duración
110 min.

Guión
Augusto Cabada

Música
Bingen Mendizábal

Fotografía
Teo Delgado

“La belleza y el horror pueden existir dentro de una misma cosa”


Bajo la Piel es una cinta del celebrado director peruano Pancho Lombardi, filmando una atípica cinta de género—también para los estándares nacionales—, que mezcla el “Filme Noir”, el drama amoroso, el cine introspectivo y la imaginería precolombina.


El pueblo de Palle viene sufriendo la sucesión de unos asesinatos atribuidos a un asesino serial, dejando un reguero de cabezas cercenadas sin ojos, extraídos de sus ocasionales victimas con obvias connotaciones rituales y sacrificios humanos, lo que lleva al capitán Corso —probo oficial del pequeño pueblo, aunque inmensamente solitario— a investigar a un ilustre antropólogo, de quien se tiene serias sospechas de ser el autor material de los hechos ( Así, con el estilo de “Parte Policial” de comisaria de barrio...). Es en estas circunstancias que Corso conoce a Marina: enigmática médico forense de una belleza en apariencia frágil, pero infernal entraña; con quien empiezan a vivir una tórrida relación, sazonada por la ambivalente personalidad de la española. Así, al igual que una espiral descendente, nos introduciremos en la angustiante realidad “debajo de la piel” de unos personajes que escoden unos universos: demasiado oscuros, vastos y terribles, aunque muy familiares, como dijera el ayudante del capitán Corso:

—“Cuidado comandante, cuando uno se enamora, termina haciendo huevadas…”


Bajo la Piel, no solo es una cinta de suspenso criminal, también es un “tour de force” por la inescrutable intimidad humana, capaz de los mas abyectos actos, separados por milímetros de espacio, que es lo que podemos apreciar en la confesión de Marina, en ese permanente estado de mentiras perpetuas, de no saber donde estamos ni en que miasma se meten nuestros dedos. Solo el personaje de Gino Leiva, con todas sus defectos, resulta ser el mas honesto de todos.

—“Eso soy para ti ¿no?, ¿un par de buenos polvos?
—¿buenos…?”
(¡Eso es honestidad!)


Es una de los diálogos mas celebres de la cinta, pero que ejemplifican el grado de patetismo en el que Corso ha caído.

Las actuaciones son geniales, de las mejores que he visto: empezando por Gian Franco Brero, en el rol del Profesor Pinto, un papel que refleja todo lo triste y solitario que resulta una persona que a perdido el respeto del mundo, la deliciosa Ana Risueño como Marina, el personaje mejor perfilado de todos, tan misterioso e impredecible como terrible y sobre todos Diego Bertie en su mejor papel, no existe un personaje mas entrañable, participando en una de las escenas mas memorables de la cinta: cuando Corso y Gino tienen una charla entre copas sobre Marina, simplemente desternillante.


Un punto aparte que quizás merecía ser mejor explotado son toda las referencias a la iconografía Moche, el esplendor del siglo IV, la visita al complejo “El Brujo”, la imagen y la mención del Dios degollador “Ai Apaec” (futuro tatuaje en ciernes!!), los crímenes como un “maguffin” que pudieron ser mejor aprovechados gracias a la rica fuente a la que refieren. En fin, detalles que se pudieron pulir. Pancho Lombardi en los extras, reconoce que su intención al filmar “Bajo la Piel” fue la de recrear un film “noir”, donde el objetivo de los personajes es ganar a toda costa, no importando las consecuencias.

Quisiera aportar algo para concluir:
El amor verdadero a veces necesita no solo de ser regado constantemente, también de un par de cadáveres debajo del jardín. No hay duda que el amor requiere de “muchos sacrificios”.


jueves, 20 de octubre de 2016

CINE LATINOAMERICANO: “CAÍDOS DEL CIELO” DEL DIRECTOR FRANCISCO LOMBARDI (1990) - Por Paul Torres


A diario estamos en contacto con la ciudad, nos movemos sobre ella, realizamos nuestras actividades sobre ella. Si bien la definir la ciudad es un tema algo complejo, ya que abarca distintos puntos de vista, diferentes enfoques y corrientes de pensamiento. Esto lleva a pensar en una definición más apropiada para ella. La ciudad debe ser vista como un ente viviente dinámico, el cual se encuentra en constante cambio. El Geógrafo y Urbanista David Harvey basado en el libro de Henry Lefevre nos plantea sobre “El Derecho a la Ciudad” una especie de manifiesto en contraposición a los impactos negativos sufrido por las ciudades en los países de economía capitalista. Se buscaba con esto pues, devolverle el protagonismo a las ciudades y sobre todo a que nosotros, los habitantes volvamos a ser dueña de ella.

Personalmente considero a Francisco Lombardi como uno de mis directores latinoamericanos favoritos, y actualmente es sin duda uno de los más respetados. Sus trabajos siempre han estado ligado a la literatura en general, algunas con obras peruanas, otras no. “Caídos del Cielo” es pues una de ellas, representa el sexto trabajo del peruano y fue una coproducción peruano-española.


Lombardi nos muestra entrecruce de tres historias, por una parte la de los ancianos Lizandro y Cucha, los cuales sobrellevan una terrible perdida como la de su hijo, la del locutor Humberto y una depresiva Verónica, ambos personajes solitarios que presentan deformaciones corporales. También tenemos una abuela ciega la cual maltrata a sus dos nietos. Así estas historias prosiguen y se interrelacionaran y donde la tragedia social, comedia y el apunte amoroso conformaran una mirada a través de tres generaciones sobre la convulsionada década de los 80 en la ciudad limeña.


Existen muchas referencias entre las obras de Lombardi con los escritos de Julio Ramón Ribeyro, que por cierto es de mis escritores peruanos que más admiro, Ribeyro notable cuentista y escritor siempre ha abordado sus temas desde una perspectiva algo pesimista, sus personajes son claros ejemplos de ellos, casi todos perdedores. Lombardi entonces se inspira para este trabajo del cuento Los Gallinazos Sin Plumas de Ribeyro, cuento ubicado en el libro “La Palabra del Mudo”.

La forma como se nos muestra la ciudad limeña es cruda y real, para los que tuvieron que vivir en esa convulsionada década que fue los 80, darán fe de ello. Vemos una Lima sucia, pobre y miserable, es tal vez pues una ¿Lima Horrible?, creo que sí, pero esta denominación es muy conocida, se le atribuye a Salazar Bondy, pero esta “horrible” es más para denotar una condición estética y no ética como la de Bondy. Se escuchan ecos literarios, metafóricos y dramáticos. El director opto por una realización muy clásica quizás impulsada por las influencias de otros directores, lo cual en ciertos pasajes de película opaca un poco la excelente historia que se nos cuenta.


El pilar que sostiene a toda esta maravillosa película es sin duda el guion, elaborado notablemente por el señor Cavada y Giovanna Pollarollo, los cuales crearon con gran acierto a todos los personajes. Algo que debemos destacar también, es el notable elenco que forma parte de la historia, destacando los actores Gustavo Bueno, el cual ya había trabajado anteriormente con Lombardi, Marisol Palacios y Gian Franco Brero.

“Caídos Del Cielo” es uno de los títulos peruanos que exigen si o si su revisión y donde queda evidenciado una vez más el gran talento de Francisco Lombardi.