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La última película del maestro iraní, presentada en Cannes 2017, que dice: "Siempre me pregunto en qué medida los artistas tratan de representar la realidad de una escena. Los pintores y los fotógrafos solo capturan una imagen, pero nada de lo que sucede antes o después". 24 cuadros, fotografías o vídeos, y, para cada uno de ellos, el desarrollo de esa posible realidad que los completa. Testamento poético de uno de los mayores cineastas de las décadas recientes. en tienda
Se nos presentan 24 cuadros, unos con más larga duración que otros, en donde el espectador puede apreciar los distintos escenarios que vemos durante todo el documental. En algunos los tonos de color son más grises, negros y blancos mientras que en otros tenemos una buena gama de colores con buen contraste. Los 24 cuadros nos muestran planos generales de diferentes lugares donde durante unos minutos apreciamos todo el plano y lo que sucede en él.
En algunos podemos apreciar animales, en otros hay apariciones de humanos en movimiento y luego en los restantes solo distinguimos la naturaleza misma. No es un documental en donde nos cuenten una historia de vida motivacional o inspiradora, sino que es para disfrutar de cada segundo de cada plano acompañado de un sonido bastante tranquilizante y que a pesar de que no muestre mucho o parezca aburrido, es interesante ponerse a analizar todo el contexto y la imagen que se nos presenta.
Nader (Peyman Moaadi) y Simin (Leila Hatami) son un matrimonio iraní con una hija. Simin quiere abandonar Irán en busca de una vida mejor, pero Nader desea quedarse para cuidar a su padre, que tiene Alzheimer. Ella le pide el divorcio y se muda a vivir con sus padres. Nader no tiene más remedio que contratar a una mujer que cuide a su padre. Una negligencia de la mujer provoca un conflicto de grandes dimensiones.
ASGHAR FARHADI Y EL DRAMA DE LA COTIDIANIDAD IRANÍ
Asghar Farhadi es reconocido como uno de los mayores exponentes del cine iraní contemporáneo, quien a pesar de su relativamente corta filmografía (apenas 7 películas) ha sabido retratar (y criticar) la sociedad iraní, sus costumbres y vicios. La trama de “A Separation”, viene de una serie de experiencias personales e ideas concebidas por el propio Farhadi, quien ve en la película un “desarrollo lógico”, a partir de su trabajo anterior “About Elly” (2009).
Con una historia simple en un nivel narrativo pero moral, psicológica y socialmente compleja, logra enfocar la sociedad iraní de una manera que pocas películas han hecho. La velada crítica al obsoleto sistema de justicia, es además de sutil, omnipresente desde los primeros segundos de la película. Un sistema de justicia que no dista demasiado del de otros países de “Tercer Mundo”, en donde las leyes y la religión parecen no tener separación, en donde la burocracia y la tiranía de algún empleado de cierto nivel juegan un papel importante en la vida de las personas comunes y corrientes.
Otra crítica aún más sutil, es el papel de la mujer dentro de la sociedad iraní, una situación que puede notarse en pequeños momentos, como durante el pedido del divorcio, las declaraciones frente al juez o incluso cuando a la hija de la pareja protagonista, un empleado de una gasolinera trata de robarle el cambio de la gasolina. Esos pequeños atisbos de misoginia, que podrían considerarse “comunes”, son el principal motivo por el cual Simin, quiere abandonar Irán, para darle a su hija un mejor futuro, lejos de las imposiciones de una cultura donde esa “cotidianidad”, choca de frente con el mundo moderno.
Un punto que no es tan difícil de observar es el drama de las clases sociales que impregna la historia, por un lado Simin y Nader forman un matrimonio de clase media alta, con ciertas comodidades como autos, un bonito departamento y educación para su hija, mientras que la mujer que cuida al padre de Nader, y su esposo se encuentran a la merced de sus acreedores, y en busca de la sobrevivencia. Esos matices, crean el caótico microcosmos de la sociedad iraní moderna, que tan bien Asghar Farhadi ha logrado proporcionar.